CELAÁ, QUEVEDO Y MOCITO FELIZ

Tiziano Tizona
Si es que tenemos una ministra que, en realidad, no merecemos. En su tournée por los medios, ya nos la encontramos hasta en la sopa (menos en colegios e institutos, no vaya a que no sean tan seguros como proclama). Esta discípula de Mocito Feliz con laca defiende la no repetición y la obtención de los títulos con asignaturas pendientes. Como resulta que el porcentaje de repeticiones triplica el de la media de la OCDE, ha encontrado la solución: que no se repita. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Se acaba así con el problema de un plumazo; perfecto, ministra. Quizá, no sé, es un consejo, debería haber incidido un poco en los porqués de esos datos: ratios, espacios, apoyos a las necesidades especiales, horarios… Está usted cavando una fosa de la que va ser difícil salir y, supongo que involuntariamente, creando guetos a la baja y al alza: la gente que se pueda pagar una educación en la que se exijan resultados, esfuerzos y se centre en los conocimientos, sabiduría y formación académica (ustedes pueden, ¿a que sí?) lo hará, y se devaluará la educación accesible a todos, que es de todos, dificultando un poco más, si cabe, el llamado ascensor social.
Decía Paco Umbral que todo español cabe en algún soneto de Quevedo… Ahí va el último terceto de uno de ellos:

«Quitarnos el dolor, quitando el diente,
es quitar el dolor de la cabeza,
quitando la cabeza que le siente.» (Quevedo).

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