ESTAMOS MÁS SOLOS QUE LA UNA, COMPAÑEROS

¿Tiene que pasar algo grave para que consideren la situación de los que acudimos a diario a los centros escolares? Llevamos meses denunciando el abandono al que estamos sometidos desde la administración, y esta no ha movido un solo dedo para solucionar nada al respecto. Al contrario, la denuncia se ha puesto en duda, salpicada ella de vacuos elogios hacia una labor que jamás nos negamos a llevar a cabo y de obscenos pases de mano por la espalda que sientan como verdaderos puñetazos, por falsos y fingidos.

Señores que nos manejan como a títeres inertes, hemos vuelto de las fiestas con más casos de alumnos contagiados de los que jamás habíamos tenido en los meses anteriores. Y no ha habido reacción. Los centros seguían siendo seguros y no hacía falta PCRs ni confinamientos porque los casos estaban identificados y no habían pisado las aulas tras el parón navideño, nos han dicho. Y hemos tenido que tragar. Y ahora los casos se dan en las aulas. Y siguen sin reaccionar ustedes, dejándonos otra vez en la estacada. Los positivos, profesores y alumnos, se multiplican exponencialmente y se van a su casa, y allí esperan días y días para que los citen a unas pruebas que, si se demoran un poquito en el tiempo, no llegan a realizarse. No hace falta, dicen. Con el tiempo, el virus se pasa, dicen. Y así los devuelven otra vez a las aulas al cabo de unos días, sin pruebas que avalen que, tras estos, no están contagiados; con algún papelito oficial que solo recoge que son asintomáticos. Y así permanece el resto de compañeros en los centros sin ninguna solución por su parte, porque ya no confinan, ni siquiera a los más cercanos, porque lo de contacto estrecho parece que ya no sirve y que si no te quitas la mascarilla y no le toses encima a alguien, este no corre el riesgo de contagiarse.

Desde el principio hemos pedido medidas de seguridad y medios para que todos podamos acudir a los centros con las mayores garantías posibles, y desde el principio se nos han negado. Es más, parece que su inacción les parecía poca y han dado un pasito más en su impresentable carrera hacia nuestro abandono.

Queríamos EPIs, filtros, pruebas PCR y confinamientos selectivos, ilusos de nosotros. Por lo visto, estábamos pidiendo demasiado. Ahora no tenemos nada. No pruebas para controlar la enfermedad. No confinamientos de los contactos cercanos. No respuestas a las llamadas por teléfono. Nos lo han cambiado todo por más miedo e inseguridad para los que no nos queda otra que seguir al pie del cañón. Ya no sabemos si tenemos no contagiados o asintomáticos, dudamos de quién puede tener el virus al entrar en un aula, miramos con recelo al que, tras unos días de encierro domiciliario, se incorporó sin ningún test adicional que demuestre que ya no es positivo.

Estamos estresados, nerviosos y agotados.

Y mientras, el virus avanza desbocado y obliga a cerrar otros espacios.

Y mientras, este maldito bicho cada vez golpea más cerca y le pone cara a aquellos que se lleva a su antojo.

Y mientras, seguimos abandonados a nuestra suerte en el más absoluto silencio, un silencio asqueroso y rastrero porque están jugando ustedes con todos los que cada día entramos por las puertas de nuestros centros. Con nuestras vidas. No se puede ser más ruin…

… Bueno sí, sí se puede. Se puede sacar pecho y publicar que casi ningún centro ha tenido incidencias durante la primera semana de clases de este año o que casi todas ellas se han llevado de manera presencial con total normalidad.

No sigan ustedes por ese camino.

Por favor.

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