VÉNGANSE CONMIGO UNA SEMANA

Tiziano Tizona
Les invito una semanita conmigo a las aulas. Señores y damas que se echan las manos a la cabeza y se ponen a la vanguardia de las manifestaciones de un y otro color en defensa de una educación que no entienden y que no quieren entender. Esa cara compungida y ese abatimiento que saben poner cuando se les acerca una alcachofa y una cámara de televisión, después de una semanita en las aulas, pasaría de ser sainete Valleinclaniano al feroz realismo de Baroja.
Tienen la feísima costumbre de meter algo superior a ustedes, la educación, y a sus intereses políticos, en sus sucias cuitas barriobajeras. Nosotros, los docentes, picamos el anzuelo y, a contranatura, muchas veces nos convertimos en arietes idiotizados de vuestros indecentes pasteleos. Los padres se echan a las calles, en uno u otro sentido, utilizados, despistados, manipulados, y, lo que es peor, sin mirarse el ombligo.
Y horrorizados seguimos asistiendo a la gran cucaña, al festival de palos de ciego, al cervantino «mantenella y no enmendalla».
Métanse conmigo en el barro cinco días, fuera de las asépticas estadísticas y de visitas de café, pastelitos y foto para la prensa; vamos al rebaño y a salir, como se debe, oliendo a oveja. Verán como cambian de prioridades, verán como varía la jerarquización de sus medidas propuestas.