REVOLCÓN AL EMOTIVISMO EN «EL PAÍS»

Tiziano Tizona
Me desayuno con el artículo de Alberto Royo en “El País”(“Metamorfosis educativa y emotivismo terapéutico», búsquenlo, les va a gustar.), una vez más zarandea a golpe de razón y sentido común los cimientos de la charlotada educativa en la que estamos y señala, con gramática precisa y acertada, el lodazal emotivoide al que estamos abocados si los dioses no lo remedian. Royo es uno de ese puñado de docentes que todavía se baten el cobre por un sistema que aporte conocimiento y sabiduría (ya válidos por sí mismos) como base irrenunciable para alcanzar otras satisfacciones emocionales o intelectuales muy personalísimas y, desde luego, muy difíciles de medir y de calibrar en los centros escolares. Es decir, es de los que colocan el mulo delante del carro y no al revés como pretenden los abogados de las nuevas pedagogías. Royo y el puñado de docentes que todavía no han caído en las redes del relativismo y del espectáculo pirotécnico educativo se bastan y se sobran para “desfacer” los entuertos cuasi sectarios y muy poco (o nada) demostrados científicamente de inteligencias múltiples, de educaciones emocionales y de neuronadas varias, sin más arma ni apoyo mediático, ni mucho menos institucional, que un teclado, su formación académica y unos recursos culturales firmemente fijados en su memoria (sí, memoria, eso que se pretende erradicar de las aulas). Además, pagan la cuenta de orinar fuera del tiesto con las boludeces tangenciales que tienen que soportar en sus redes o cuando les dan la oportunidad de expresar sus teorías en radios, prensa o televisiones. Supongo (lo ignoro) que a Royo y a ese puñado de docentes revoltosos les compensará de alguna manera el saber que su valentía y contundencia no caen del todo en saco roto y otro puñado de puñados (me da en la nariz que cada vez más) aprendemos, reflexionamos y defendemos gran parte de sus postulados. Ya sé que no es mucho, pero quiero que conste por escrito mi agradecimiento a todos ellos. Os seguimos leyendo.