LA OSCURA DICTADURA DEL «BRILLI-BRILLI»

Tiziano Tizona
La clave está en despersonalizar al profesor. Parece que la meta que se han marcado es la de convertirnos en una piececita de un pantagruélico sistema que sea fácil de reponer y que no estorbe demasiado. Quitar el protagonismo del que se supone que sabe y evalúa para diluirlo en emotividades, subjetividades, carantoñas cohelianas y algodón de azúcar. De manera que, más que un especialista en tal o cual materia preparado para transmitirla, quede en un mero acompañante y un entretenedor (de ahí la apuesta por los ámbitos, por ejemplo), un perro lazarillo gracioso y saltimbanqui. Para eso, cualquiera vale. Aquel que consiga hacerlo y tenga buena imagen, puede que se le dote de un premio educativo y reciba como recompensa una salida de las aulas por la puerta grande de la publicidad y el marketing; un abandono de la trinchera de clases para una conversión en icono que solo tenga que repetir boludeces amables y acordes con la realidad social que se quiere implantar. El cometido es que se relacione la figura del docente con las ideas que convienen a los de arriba, a los que pagan. La opinión pública, las facultades de magisterio, las nuevas generaciones e incluso los tribunales de oposiciones muerden el anzuelo y no contemplan más praxis que la del brilli brilli. Los colegios, enfermos de “modernidad”, abandonan cada vez más aspectos académicos para derrochar tiempo y esfuerzo en performances acordes con lo anteriormente señalado. El profesor competente en su materia, culto y discreto queda relegado si no sabe bailar bien la cumbia.
Lo has clavado. Enhorabuena.
Ningún niño sin pantallas llenas de entretenimiento! Así dará igual lo que tenga que decir el profesor, no habrá nadie escuchando