EDUCACIÓN: SU PRODUCTO Y MI PERSONA

Tiziano Tizona
Se habla de “producto» al referirse a cómo se pretende que acabe un alumno su etapa educativa. Solamente por eso, ya tendrían que haber dimitido media OCDE, varios puñados de ministros de educación y haber decretado una orden de alejamiento a empresarios y banqueros respecto a los centros escolares. La del lenguaje siempre es la primera batalla que se gana…y le hemos regalado esa victoria sin sacar una bala de la canana.
Un producto que sepa hacer cosas, que sepa adaptarse y que acepte estoicamente las condiciones cambiantes del mercado, de su mercado.
Ante ese “producto» hay que tener el cuajo suficiente de enfrentar la “persona». La persona que lea la prensa y sepa situar Ucrania sin necesidad de recurrir al Google Maps, que sepa diferenciar entre Renacimiento y Modernismo, que sepa calcular a cuánto tocan por barba al ir de a cenar sin teclear en la calculadora del móvil. Que cuando le digan que la broza de los montes es debida al cambio climático tuerza el morro; que cuando le digan que 100.000 euros al año es ser clase media sepa señalar la bola; que cuando le cuenten que la sandía sube de precio por la guerra de tal o cual país sepa que probablemente la sandía venga de Almería o de la huerta murciana. Al que le ofrezcan 10 horas diarias de curro por una miseria y que la empresa es una familia de todos, y sepa mandarlos a paseo con estilo y torería. Que sepa redactar una denuncia cuando intenten abusar de él.
Claro, que ese “producto” no les conviene. Verdaderamente no llego a entender cómo diablos no les hemos puesto ya las peras al cuarto a esa banda de marchitadores y a su legión de cómplices.