LA INTEGRACIÓN Y EL POSTUREO

Tiziano Tizona
La integración sin medios no es más que postureo burocrático. Eso pasa desde que alguien de las capas altas educativas entendió que para enseñar que dos por tres son seis hay que rellenar dos toneladas de papeles (¿Dónde está la agenda 2030 cuando se la necesita?) y los maestros no fueron inmediatamente a su despacho para tirarlo al pilón. La querencia de la Administración hacia el vedettismo queda así colmada de papeles, que es lo que le pone. Quiero decir que, aunque el niño no avance, se ha cubierto sus posaderas y espaldas de informes que le salven de alguna movida judicial por parte de los padres del alumno “apoyado» en cuestión, y sin costarle ni un duro en personal especializado en este tipo de casos. Todo ello a costa de ríos de segundos, minutos y horas del docente que tenga la desgracia de que le encomienden apoyos tal y como están planteados. No es de recibo, o no debería serlo, que un profesor que vaya a realizar un apoyo de 45 minutos tarde otros tantos en rellenar la carga burocrática de esa sesión, porque, o nos cargamos la salud del docente (que normalmente tiene sus clases, sus sesiones, sus correcciones, sus reuniones, sus programaciones, sus proyectos…) a base de que la criatura no duerma, o el compañero registra el apoyo durante el tiempo asignado al mismo. Alguien siempre pierde: sea el compañero, sea el alumno. Todo esto no es otra cosa que el resultado de la desconfianza, que va cogiendo tintes miserables, de la Administración (incluyo a algunos, no todos , equipos directivos y departamentos psicopedagógicos, que cada vez miran más a las alturas de las inspecciones y menos al terreno que pisan sus compañeros y sus alumnos) hacia el maestro. Así pues, cada vez los niños avanzan menos pero más vistosamente en esta educación de fuegos artificiales y desfile de majorettes. Si hay que pasar con suspensos, se pasa; si hay que bajar contenidos, se bajan; si hay que titular con suspensos, se titula; si hay que adaptar un Segundo de ESO a una criatura que apenas sabe construir una oración simple, se adapta. Evidentemente, esa solo es solución de cara a que las estadísticas (esas grandes mentirosas; esas aprendices de “Master Chef») salgan bonitas en la prensa. Mi primera propuesta para encontrar la solución es buscar al primer illuminati de la Santa Cofradía de Nuestro Señor del Papeleo y graparlo al pilón. Ganamos todos…menos el pilón que tendrá que hacer informes de los litros de agua que suelta por segundo, de la variación de la temperatura del líquido (haciendo adaptaciones por escrito para que el agua salga más fresquita en verano). Además, tendrá que cargar con la culpa en caso de que haya sequía que para eso tiene muchas vacaciones y cobra muy bien.

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