«LIDERAZGO» Y MARY POPPINS

Tiziano Tizona
Por cosas de la curiosidad y, ante la falta de cursos formativos de empaque, el menda lerenda está haciendo un cursillo sobre “liderazgo”, además “on line”, para que luego le llamen a uno profesaurio. Me llamaba la atención el hecho de que una cualidad, que yo considero innata, como la simpatía o la gracia y olé, pudiera ser trabajada como si fuera aprender a hacer ecuaciones. El cursillo lo ofrece una editorial a la que no voy a hacer publicidad. Hasta ahora, mis temores y reticencias iniciales se ven penosamente confirmadas: pienso que el cine de temática docente está haciendo mucho daño (o mucho engaño) a los “formadores. Parece ser que un líder ha de ser algo así como una mezcla entre Robin Williams en “El Club de los Poetas Muertos» y la Julie Andrews de “Mary Poppins». Bien, para gustos, colores. Ya me gustaría ver a ambos en un aula de 30 adolescentes durante un trimestre. Estos son los referentes de nuestros “gurús” y esta es la imagen ideal hecha dogma en nuestras familias. Lo que me escama no es eso, sino que se relaciona el líder con un profesional que siga la tendencia pedagógica que marca la editorial en cuestión: trabajo cooperativo, lo que llamamos “pedagogías activas» (en las cuales cuenta más mover el body que la neurona), no memorización, crear personas con espíritu crítico (siempre y cuando no se les critique a ellos), innovaciones de pantalla, Wikipedia y unir con flechas…ya saben. Curiosamente, todo eso lo ofrece, previo paso por taquilla, la no mencionada empresa (o sus partners). Con lo cual, uno se queda, hasta ahora, con una definición subjetiva y un expositor de productos a la venta. Uno, que lleva ya más batallas que George Patton, se siente líder cuando es capaz de tener a los niños atendiendo a sus historias, a sus explicaciones, a su interés por incluir, aunque sea poco, la cultura dentro de sus inquietudes, cuando le preguntan tal o cual duda en referencia a lo que se está explicando, cuando los ve trabajar con empeño y resultados, cuando se menea por el aula y ve cómo le siguen las miradas, cuando es el propio alumno el que reprende al compañero porque no lo deja atender a sus explicaciones. No es algo excluyente con ser un Mr Keating, por supuesto, pero sí está por encima en la jerarquía de prioridades a la hora de desarrollar una buena praxis, en mi opinión. Para eso no hacen falta pantallas , ni dinámicas congueras, ni lluvia de avioncitos, ni abrazar matas de romero, ni echar de comer a los unicornios. Ese quizás sea el problema: que estas cosas son poco rentables a las empresas que están haciendo bicarbonato a la Educación. Hablamos de el dominio de unas asignaturas y sus didácticas, del ansia (muy mal vista) por transmitir cultura y conocimiento, y de la gestión de un grupo de adolescentes alrededor de esos saberes. Vueles en paraguas o no.