MOSCA, PIEL FINA Y BOFETÓN

Tiziano Tizona
Puede que sea yo que me estoy haciendo viejo, pero tengo la sensación de que los niños cada vez tienen la manita más suelta y a la vez la piel más fina. No me vale eso de que les servimos de mal ejemplo los docentes: en mi vida le he puesto la mano encima a nadie (incluyo, que yo sepa, mi niñez, mi adolescencia y mi juventud), nunca le he encontrado provecho (o no he tenido la ocasión de sacárselo) a zumbarle a un ciudadano una castaña. Puede que les hayamos empalagado demasiado con las performances del diálogo, la paz y el respeto y los niños, en su rebeldía, tiren por el clásico de hacer lo contrario a lo que se les intenta inculcar. Puede que estén criados (y esta generación lo está) con la inmediatez de las pantallitas y se les haya nublado el sentido de la reflexión y del sosiego. Puede que no sea efectivo cómo hemos encarado el tema de la no violencia. Pero saltan (ayer estuve observando a una clase de tres años) como un resorte a atizar a quien sea cada vez que se les posa una mosca. Por otra parte, dicho sea de paso, también estamos criando a generaciones que convierten en tragedia y agresión cualquier tropezón no malintencionado, liándola parda cada vez que se da la ocasión (padres incluidos). Igual es una percepción mía errónea. ¿Qué piensan ustedes?
Totalmente de acuerdo. Les haces una caricia y te acusan de pegarles.