¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ?

Tiziano Tizona
Hay una señora que se ha quejado por las redes del colegio de su niña porque resulta que ella es vegana y quieren disfrazar a sus niña de “pescadora”, llegando a manifestar (creo que estas fueron sus palabras) que “estaba devastada y tenía ganas de pegarle fuego a todo». Vaya por delante mi respeto a todas las creencias y modos de vivir de la peña, siempre y cuando no salpique a los demás. Uno puede ser vegano, crudófilo, estoico, cruzado de las Batuecas, epicúreo o mameluco que está en su derecho, faltaría más. Mi preocupación va por otros derroteros. Lo primero es la cantidad de actividades de dudosa aplicación académica que se realizan en los centros escolares: no acabo de ver el rendimiento de vestir a un nene de lagarterana y hacerlo desfilar para que los papis le echen fotos (llámenme amargado, que lo encajo). Lo segundo es la importancia que se le dan a esos saraos. Estoy por ver un tiktok de un padre que se queje y quiera quemar todo porque su nene, que ya cursa 1 de ESO, lee silabeando, no sabe multiplicar y apenas entiende la silla sobre la que posa sus posaderas. Y es que las prioridades educativas se han convertido en carne de Instagram con la connivencia y la entusiasta colaboración de docentes y familias. Así no arde el puro, my dears

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