ESCLAVOS, SÍ, PERO «CONTONTOS»

Tiziano Tizona
Aún recuerdo cuando se nos prometía, no dudo que con la mejor intención, que la informática y sus ramas nos iba a suponer más tiempo para nuestras clases porque ahorraba horas en las tareas burocráticas. Si esa era la intención, nos ha salido el tiro por la culata. Nos pusimos como locos a aprender a sacarle partido al ordenador (máxime en la pandemia) para no dejar descolgados a nuestros chavales. Eso se ha aprovechado para crear una pseudoesclavitud que nos condena a estar pendiente en clase, y fuera de ella, de correos, Classroom y plataformas varias. Ese encadenamiento a la pantalla también afecta a nuestros alumnos que reciben tareas y material a deshora por parte nuestra, como si no fuera suficiente con las horas de clase que reciben a diario. Se está trasladando la carga trabajo del aula (en las que cada vez hay más de folclore y menos de carga académica) a los hogares. Y nadie parece coscarse que, en muchos casos, el alumnado con determinadas condiciones familiares, económicas o socioculturales juega en desventaja con el resto; desventaja que es más fácil paliar en el centro educativo con un maestro delante. El enseñar y el aprender se está convirtiendo en una faena a “full time», y lo curioso es que los que se convertían en el hombre lobo al oír hablar de deberes están encantados si estos son en formato digital. Procede, por el bien de nuestra salud mental, darle una vueltecilla a esto de la digitalización en la enseñanza, opino.

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