VIEJETES COMO MODELO EDUCATIVO

Tiziano Tizona
Una de las cosas buenas que tienen las vacaciones es que le permiten a uno desayunar de manera pausada y recrearse en la suerte. Creo que en mi barrio los únicos que gustan, o pueden permitírselo por las causas que sean, son los abueletes y un servidor. Si el otro día una abuela me dio una lección de cómo tratar la rabieta de un infante en dos fases: 1) hostia 2) reviento. Ya lo expliqué en su día (no se me solivianten). Bueno, pues ha sido enternecedor ver cómo un señor con aspecto de haber probado la sopa de diplodocus se colocaba sus gafas de cerca y con su índice en ristre seguía página por página, noticia por noticia, la letra impresa de un diario.
Viene esto a colación porque, probablemente, este señor tuviera una educación deficiente o nula en el tiempo, dadas las condiciones sociales de aquella época afortunadamente pasada. También porque, la biología es así de canalla, tiene más pasado que futuro, pero sigue intentando formarse e informarse por los medios que tiene a mano, cosa que le honra. Lo que daría yo porque alguno que otro de mis alumnos a los que sus condiciones de vida y los medios de los que dispone son infinitamente más favorables (no tienen que abandonar la escuela tempranamente para trabajar y ayudar a llevar el pan a casa, disponen de bibliotecas públicas, de profesores a su servicio, de gabinetes escolares, de becas de comedor, de ayudas al estudio, de ropa para vestir, de material escolar por uno u otro medio y con un futuro que yo espero hermoso por delante) tuviera la voluntad de este viejete. Íbamos a hacer maravillas entre todos. Pero no, algunos (por supuesto, una minoría) que si el FIFA, el tiktok, el insta y el warfarjander de las narices. Ojo, que no hablo de los que tienen problemas serios (que, desgraciadamente, los hay) sino de aquellos a los que no les sale de sus santísimos colgajos. Cómo me gustaría conseguir que este señor viniera a mi cole a hablar con ellos y contase su experiencia vital y que me ayudase a abrirles los ojos porque, además, estos chavales míos viven en un mundo digital de muñequitos, naves espaciales, supermodelos e influencers que es una gran mentira, y la realidad les va a golpear con la fuerza de un búfalo.