MÉTODOS DIDÁCTICOS CON PROSPECTO Y RECETA

Tiziano Tizona
Visto que no refresca, vamos al agua patos. Las metodologías didácticas deberían venir en caja y con prospecto como los medicamentos, con su posología, sus contraindicaciones, sus efectos secundarios y sus posibles reacciones alérgicas. Lo digo porque da la impresión de que estas están dejando de ser un medio para convertirse en un fin, lo cual es un error mayúsculo. Decía Lope del amor: “…creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.” Bueno, pues en cuestión de métodos, los que los probamos, y los comprobamos, somos los maestros a pie de aula. Sabemos que los mismos chicos no reaccionan igual a las 9 de la mañana que en una clase a la 1 del mediodía. Sabemos que no es lo mismo un lunes que un viernes. Sabemos qué tipo de saberes se prestan a un método u otro. Sabemos que en periodo de exámenes hay que levantar el pie y apretar en los intervalos. Por favor, no traten de imponernos un método y déjennos trabajar en libertad. La eficacia de un método (como de cualquier otra cosa) se debe medir por sus resultados y no por su vistosidad. Recomiendo a los que recomiendan métodos que se tiren un trimestre a 20 horas de clase semanales en cualquier nivel y puede que así se les aclarase un poco la visión de lo que pasa en un aula. Lo mismo que el medicamento te lo ha de recetar un doctor, el método debe ceñirse al criterio del profesional de la enseñanza: el maestro. Lo mismo que el doctor ha de conocer profundamente la ciencia que aplica pasa con el docente y la asignatura que imparte. Básicamente para que los vericuetos no conduzcan, al paciente, o al estudiante, a un acantilado de mala salud o de ignorancia.

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