LOS CONGRESOS DE «FLIPAOS»

Tiziano Tizona
“Ya no queremos seguir preguntándole a los chiquillos, haga la lista de los planetas, porque esa lista cambia cada año. Queremos que los chicos entiendan cómo el movimiento de los planetas les afecta su vida diaria y su salud, por ejemplo”. Saco esta joya de un “Tweet” de don Gregorio Luri (grande), en él da, con la delicadeza de no señalar a la autora del rebuzno (nosotros tampoco lo haremos), referencias: “La frase fue pronunciada en un foro universitario sobre el futuro de la educación por una ministra de educación de un país hispanoamericano, exdirectora de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe de la UNESCO”. Hasta ahí el “robo” a don Gregorio.
Esta gente es la que domina y dirige la “cosa educativa”, así nos va. Abandonamos (más bien nos hacen abandonar) el conocimiento, la transmisión de saberes, el rigor por chaladuras astrales, con la promoción y subvención de los de arriba. De aquí a nada alguien propondrá celebrar misas negras, aquelarres, consultar a los oráculos, al vuelo de las aves, a las tripas de los bueyes en las hecatombes o a la bruja Lola y sus velas negras …y habrá gente que lo defienda desde los púlpitos universitarios y algunos desde las aulas.
Procede un trueno de realismo empezando a dejar vacías las sillas de los espectadores en esos congresos de flipados. Si no hay “parné” no son nada, porque una mente medianamente racional no puede creerse esas mierders, deben tener otras motivaciones y “por dinero baila el perro»; además, los únicos adolescentes que suelen haber visto son los que salen en las películas de media tarde en Antena 3 donde los vampiros son buenos y brillan con el sol. Viven de acaparar recursos que bien podrían ser utilizados pata bajar ratios y contratar especialistas para la ayuda a los más rezagados, para contar con enfermeros en los centros, para que los niños no se pelen de frío o se cuezan como una papa mientras están dando clase. Ni un Rappel más en educación, basta ya. Sigo, desgraciadamente, manteniendo que gran culpa de lo que nos pasa (y sus desastrosas consecuencias en nuestros alumnos) es culpa nuestra, compañeros.
