OTRA INFAMIA CONTRA EL CUERPO DOCENTE

Por si a alguien todavía le quedaba la más mínima duda en referencia a que para la administración y la fauna política en general somos el último mono y un colectivo a usar, machacar y dejar tirado cada vez que convenga, ayer por la tarde el president Puig lo confirmó de manera rotunda e implacable. Nos sale ahora con la recomendación de convertir los días de descanso en marzo, que hemos ido acumulando a base de renunciar a puentes y pertenecientes a nuestros periodos de vacaciones legítimamente ganados (puede que más que tú, president), en días lectivos por la simple y llana cuestión de que no se van a quemar monumentos de cartón piedra ni tirar petardos. Pasándose las programaciones y la planificación de los centros por la bisectriz (la de Puig). Ya se veía venir, y se anunció aquí hace un par de días, que iban a venir a por nosotros echándonos a la gente encima cuando “La Sexta» sacó un informe de todo a cien en el que se acusaba a los docentes de ser los principales transmisores del virus en los centros educativos. No nos hemos ido ni un milímetro: ya empieza a responsabilizarnos la sociedad de no querer trabajar, de tener muchas vacaciones… En fin, esa peli seguro que ya la han visto. Si tragamos con el argumentario esgrimido por Puig ayer (si no hay fiesta, no hay descanso. Ustedes son un sitio donde dejar a los niños durante las jornada laboral del resto de ciudadanos), no tardarán en proponer que abramos los colegios e institutos los fines de semana, si total no se pueden ir de fiestuqui los chavales, que se queden allí aparcados un par de días más, además en un entorno “seguro». Lo cierto es que durante el período pandémico, algunos, y no solo la administración, ojo, (cuando pase esto ya habrá tiempo para el análisis) están aprovechando la coyuntura para restar derechos a un colectivo desunido y tradicionalmente machacado. Lo cierto es que todavía hay gente de la profesión que los defiende y justifica. Lo cierto es que algunos llevamos 6 meses, camino de 7, con 30 alumnos, en espacio cerrado, durante 6 horas al día, explicando con un bozal, y que ya nos queda poca mecha. Lo cierto, y perdónenme la expresión, es que uno ya está hasta los mismísimos (ahí lo dejo aunque me dan ganas de escribir “huevazos») de todos ustedes.