LA ÚLTIMA GANSADA DE CELAÁ

Tiziano Tizona
Dice nuestra Isa (trileando respuestas ante las preguntas del locutor referentes a «autoridad » y «respeto») que el maestro debe de ganarse el respeto (que es sobre lo que le preguntaban). No, querida, el respeto es intrínseco al hecho de ser docente, voy más allá: al hecho de ser persona. A la doña se le va la pinza a Bilbao cada vez que se pone delante de una alcachofa. Se nota que no coge una tiza desde el pleistoceno y que de la ardua tarea de desasnar a la chavalada solo oye los cantos de sirena de sus gurús neopedaleches ,sus asesores de postal y negociete, su chupipandi de congreso educativo y subvención (que, por cierto, tampoco se manchan los dedos). La praxis, la honestidad laboral, la profesionalidad puede que te hagan ganar autoridad, o admiración, o simpatía…pero no respeto; ese debe venir de fábrica. ¿De dónde saca usted esas gansadas? ¿Quién le asesora? Un docente, desde luego, no.
Mi alumnado me da su respeto cuando yo les trato con respeto. Por lo tanto, el respeto es mútuo y se gana.
La dignidad, en cambio, es intríseca a cualquier ser humano. De primero de DDHH, vaya.
Eso de «desasnar a la chavalada» es bastante irrespetuoso y automáticamente niega valor y sentido al escrito de esa persona que firma anónimamente. Todo lo dicho después se convierte en absoluta basura.
Triste de tu alumnado si tiene que lidiar con alguien que tiene que «desasnarle».