LAS TORTUOSAS BIENVENIDAS

Tiziano Tizona
A un tiro de piedra de que empiecen las “jornadas de bienvenida”, con el coronavirus asomando la patita por debajo de la puerta de los coles (sobre todo en menores de 12 años) lo que impedirá, espero, abrazos múltiples y/o multitudinarios, las congas y el “Jerusalema» de turno (o lo que diablos esté de moda “this time”). Ahora que está tan en boga lo emocional (como si antaño los maestros y monitores fueran robots de acero naziloides). Tengan en cuenta, en las presentaciones de los alumnos, que hay niños más introvertidos que otros y que pasan mucha vergüenza en mostrarse (ya no digo gansear) ante decenas de extraños en un primer contacto. Hay que conseguir que se abran poco a poco, descubrir la zona donde se encuentra el niño más seguro y tener claro que no todos los seres humanos están cortados por el mismo patrón happycrático; y que es bueno, por el tema del respeto a la diversidad, que así sea. Dirán algunos (que ya los veo venir) que hay que sacarlos de la zona de confort y esas cosas psico new age; que sí, que está muy bien, pero una cosa es darle empujoncitos cuidadosos y otra mandarlos de un voleón al centro de la pista de baile bajo los focos parpadeantes. Lo digo porque a veces nos obsesionamos con que una actividad nos salga vistosa y fotogénica para el Facebook o el Insta a costa de darle el día a los niños, o a determinados niños. Porque una cosa es que nos hayan otorgado el papel de psicólogos y otra muy distinta el que lo seamos. Ojo que lo dice uno que se caracteriza por ir cantando y bailando por los pasillos entre clase y clase (ya dentro es otra cosa, procuro dedicarme a enseñar…cuando me dejan).

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