SER FELIZ EN EL AULA

Tiziano Tizona
Ea, pues ya ha pasado la marabunta de bailecito, globitos y demás parafernalias que últimamente convierten los finales y los inicios de curso en un parque de bolas. Que oye, está bien recibirlos con cariño, pero pasar el día haciéndoles cucamonas me parece excesivo. Además, corremos el riesgo de que nos tomen por “los señores que nos hacen las gracietas» en vez de los docentes que hemos de aportarles formación, cultura, saber estar y proyectarlos hacia la vida adulta. No me negarán que eso se complica si vas vestido de lagarterana. Hoy, una vez la cosa se normalizaba, el tema ha ido de lectura comprensiva, de localizar y explicar vocabulario desconocido en ella, de repasar conceptos matemáticos y ampliar su uso, de crear portadas para sus cuadernos en referencia a los saberes contenidos a las primeras unidades (situaciones de aprendizaje)…Todas esas cosas tan “académicas” que han conseguido los de arriba que produzcan tanta urticaria. Nos hemos reído, no hemos escuchado, hemos aprendido, se nos ha pasado la mañana volando. Sin deberes, porque nos ha dado tiempo a hacerlo todo en clase; hay incluso quien ha podido leer. Hoy se me notaba exultante, ellos lo han notado. Salta una: “Profe, hoy estás más contento que ayer». Yo: “Es que hoy, yo estoy enseñando y vosotros aprendiendo”. Remata ella: “Yo también lo prefiero”. Igual de tanto “poner en el centro al alumno” se nos olvida escucharlos. Ojo, que estamos hablando de niños de 10 años.