ESO SE CURA CON POESÍA

Tiziano Tizona
La semana que viene estreno un taller de iniciación a la poesía en el “CEU Cardenal Herrera”, ¿qué decir a esos muchachos universitarios? Generación ya impregnada de las NNTT para las que la pantalla y la imagen suponen la mayor aportación a su vida social, formativa y cultural. ¿Por qué y cómo hay que convencerles de la importancia de la letra escrita y de la profundidad de la lírica? Uno, que se precia de ser un poco libertario, puede tirar por los senderos de la libertad que concede un folio , un lápiz y una mente en ebullición. Prueben ustedes a encerrar una palabra, un poema: no hay cárcel ni amenaza que limite un pensamiento. Te pueden requisar tus cuadernos pero los escritos siguen en tu mente para volver a hacerse tinta y letra a la menor ocasión. La escritura que se creó, en un principio, para contabilidades, impuestos y leyes pronto vio el potencial de perpetuar poemas y epopeyas (pongamos como punto de partida el Poema o Epopeya de Gilgamesh y continuemos por importancia por las obras “Homéricas»). Hasta hoy en día. Todo lo importante “anda buscando poetas”. Este mundo que les ha tocado vivir a estos muchachos está falto y ávido de reflexión y de concentración, ¿qué mejor forma de pararse a pensar, de “sudoquear» con las palabras, de buscarse en el interior para sacar lo bueno y lo malo que componiendo un poema? ¿Qué mejor manera de asomarse al alma de otro que leyendo sus composiciones? ¿ Qué mejor manera de mirar el mundo que desde un prisma lírico en esta sociedad de balances, de resultados, de personas y materiales de usar y tirar? El arte es lo que nos separa del resto del mundo animal, y dentro del arte la poesía es, para mí, su máxima expresión. Un mono puede utilizar la tecnología para sacar una banana apretando un botón, incluso puede jugar u observar una tablet…pero no puede componer un pareado, la más simple de las rimas. Prueben, sáquense el veneno por los dedos, evádanse de la de afuera filtrándolo en las neuronas. Hagan bailar a las palabras, canten recitando, lean a los maestros. Sean “humanos, demasiado humanos” (Nieztche).
“Hay que escribir a bayoneta.
Si la escritura no hiere, es mecanografía;
una gota de lluvia en un océano de cobardía que mantiene la boca callada y las manos quietas.
Hay que escribir, a golpe de puñetazo,
palabras como cuchillos acerados
que rompan a cuchillazos
las «caenas» de tanto cerebro amodorrado.
Hay que hacer de cada párrafo una explosión,
una metralla de letras,
una camisa de fuerza,
una salvaje intención”.
Perico Cansino

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