PIDO QUE EDUCACIÓN NOS ASIGNE UNA ABUELA

Tiziano Tizona
Estaba uno sentado en la terraza de una cafetería dando cuenta de su café y su tostada dominguera, tostada que sabe muchísimo mejor cuando tu cerebro conoce que el lunes no has de aparecer por el colegio de tus amores/horrores. En esto que aparece por babor una señora ya entrada en años con un mozalbete que, por su físico, debería rondar los tres o cuatro años. Digo por su físico porque su verborrea indicaba un manejo del lenguaje excepcional, ese niño era un Lázaro Carreter comprimido en un archivo zip. El niño hablaba más que un sacamuelas y la señora, que interpreto que es la abuela, le suelta con voz calmada y mirándole a los ojos: “A mí no me marees que te suelto una hostia que te reviento». Un poco más y me atraganto con la tostada del ataque de risa que me ha entrado. Esa abuelita es Chuck Norris con gafitas de concha y bolso cruzado en bandolera. Resolutiva como un portazo, puesto que el pequeño loro inmediatamente ha dejado el discurso a lo Fidel Castro para emprender el sabroso trámite de dar cuenta de una ensaimada. Digo yo si no podría asignarnos la Conselleria una de estas por ciclo para ponernos orden en las aulas; porque las abuelas son esos seres tan maravillosos a los que se les perdona todo, incluso los improperios. Si a un docente se le ocurre decir esas cosas en clase, le cae la mundial (y con razón), pero a ver quién es capaz de sancionar a una viejita que le diga al porculero de clase (en cada una existen varios de estos o, si no, se le asignará uno de oficio): “Nene, deja de dar por saco y de molestar a los compañeros o te avento una guantá que te pongo los empastes en fila y bailando la conga».