EL «ATOMÁPOLCULING»

Tiziano Tizona
Acabo de leer un palabro de esos que ponen en inglés inventado para confirmarte que eres tonto del bote del todo: “Staycation». Consiste en que, como te han dejado más pobre que una rata de alcantarilla, te quedas en casa en vacaciones. Lo disfrazan de que es “cool» (llámese molón) porque no haces colas y te puedes quedar tirado tranquilamente en el sofá sin ver a ingleses volando por los balcones. Lo traigo al tapete porque es lo que desde la base se intenta que hagamos en los colegios: disfrazar realidades con términos poco inteligibles, burocracias kilométricas, eufemismos de trilero o, directamente, mentiras nada piadosas. Si el niño se rasca los pelendengues, es que no lo has motivado; si ha dejado el examen en blanco porque se ha pasado las tardes que debiera estar estudiando jugando a la play, es que hay que adaptarle la forma de evaluar a su manera emocional de entender el mundo con las “peloting» en el sofá, las manos en el “manding” y los ojos en la “pantalling». Lo del tres, el cinco y el siete desaparece no vaya a ser frustrante por items dignos de Caperucita. La pretendida imposición de pensamientos paulocoelhianos disfrazados de recetas para el bienestar emocional esconden una perversa desvirtuación del mundo real disfrazada de un maravilloso mundo venidero, que además tiene la pinta ser más falso que un billete de ocho euros. Una vez domados y habituados desde pequeños a estas cosas, el campo está listo para sembrar el empobrecimiento de la peña y que además te dé las gracias. Mientras ellos se reservan la gran vidorra a costa de los felizoides ignorantes. Dan muchas ganas de mandarlos a un “atomápolculing».