EL INFIERNO QUE ME DABAS

Me quedo con el infierno que me diste
que sulfató con zumo de azufre
la sed de mis neuronas.
Me codeé con diablos, lanza en ristre;
conversé con ellos cada aurora.

Titulaste mi máster de incertidumbres,
coloreaste de gris mi mal pasillo.
Reventé mi corazón de piedra por desgaste;
fusilé las primaveras sin tocar gatillo.

La calma que me envuelve y que me abraza
reclama la desazón de tu litigio
y anda en bata con rulos de añoranza.

Mala vida diste, pero era vida.
-tan opuesta a la espera y a la nada-
tan veneno, tan jugosa manzana,
tan caninos con querencia a la mordida.

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