ABRO MELÓN Y DEBATE

No sé si a ustedes les pasa lo mismo o si es una percepción mía errónea. Lo cierto es que es cada vez más común que a los niños se les venga a recoger a los centros porque les duele la cabeza, les molesta el estómago o, simplemente, se encuentran mal. Ojo, ni niego que les pase nada ni me parece mal la medida, y más con los tiempos pandémicos que corren, máxime con la población menor de doce años sin catar la vacuna. Lo que ya me llama poderosamente la atención (uno tiene la suerte de vivir actualmente en la barriada en la que se encuentra su colegio) es encontrártelos un par de horas después de la jornada escolar jugando tan ricamente en el parque y, de paso,  convertirse uno en crédulo de los milagros cotidianos. O dejar un niño en casa porque la enfermedad le impide seguir las clases y al mismo tiempo demandar los deberes y trabajos del día que no acude. ¿Nadie ha pensado que si el niño está enfermo probablemente no pueda realizar las tareas?¿No ven algo raro ahí? En las excursiones, donde se quedan a comer, muchos de los niños traen notas de sus progenitores que indican que no pueden comer tal o cual cosa; cuando pides justificante médico resulta que, muchas veces, no existe y es que al infante no le gusta la verdura, o el huevo, o los trigueros. No hay niño que acuda a un pediatra que no venga con un diagnóstico que implique dificultades en el aprendizaje si es que el niño no aprueba a la primera. Lo que me lleva a preguntarme si no existen niños sin trastornos cognitivos o psicológicos…o físicos. Entiendo que están sometidos a presión muchos de ellos pero creo que no se ha abierto ese melón todavía y sería bueno para el desarrollo y el futuro de nuestros alumnos. Desde la base de que puedo estar equivocado y mi sensación no sea la correcta, os escucho respetuosamente. Me preocupa.

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