EDUCACIÓN: LA CENA ESTÁ SERVIDA

Tiziano Tizona
Quizás lo que esté equivocado en el tinglado educativo sean algunos de sus objetivos. Son cada vez más las noticias y declaraciones de los portavoces y portavozos oficiales y oficialistas que cuelan el término de “empleabilidad» en la cúspide de la jerarquía de la función educativa. Si logran colar ese gol, no es extraño que salgan voces (incluso dentro del profesorado) que manifiesten la inutilidad de que el niño/ adolescente sepa redactar un escrito, reconocer un arco románico o situar el río Nilo. No digamos ya entender a Platón o disfrutar de la lectura de Unamuno. El mundo empresarial y la banca (encabezado por la OCDE) se ha metido de lleno en las altas esferas de la cosa educativa y pretenden que les preparemos sus futuros curritos ahorrándoles, en parte, su formación. Seres felizoides sin más inquietud que un sueldo precario que les permita un techo (muchas veces compartido, ya se han preocupado de ensalzar el “coliving»), una play y Netflix. Mientras reservan, previo pago gordo, los puestos de élite para sus vástagos (incluidos los de los ministros y demás jauría política) en colegios privados que huyen como de la peste de la nuevas tendencias. Por otra parte, quieren hacerlos dependientes de una máquina (quien controla la máquina controla y filtra las informaciones y los gustos): “Todo está en Google” (que por cierto está empezando a crear sus propios títulos “pseudouniversitarios» previo pago, claro está). “Hay que adaptar los centros y las competencias al mercado», y al mercado se la sopla que conozcas la Edad Media, a qué se dedica Beethoven, las ideas de Tomás Moro o los sonetos de Quevedo.

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