EL EXTRAÑO CASO DE LAS ACADEMIAS
Tiziano Tizona
Anda revoloteando por Twitter el asunto de las academias y valorándose su eficacia. Conste en acta que estoy en la trinchera de todos los que se dedican a enseñar y a hacer aprender a los chavales. La cuestión es que, en muchas de ellas, es de agradecer la mejoría que observamos desde las aulas en los alumnos que asisten. Nos guste o no, se da así en muchos casos. Puede que sea la hora de analizar las causas. La primera es, desgraciadamente, económica: no todas nuestras familias están en condiciones de permitírselas y todos los indicadores señalan el componente socioeconómico del fracaso en estudios (que manda carajos en pleno siglo XXI y con la pasta que se gastan en tonterías los gobiernos ). Dos, creo que esta es clave: la ratio es muy baja y permite una atención personalizada (allí sí). Tres: el dinero público “no es de nadie” cantaba una lumbrera gubernamental, aquí los padres se rascan el bolsillo y exigen, a los profesores y a los niños, resultados. Cuatro, esto ya es una apreciación más personal: poco tiempo se emplea en proyectos, ámbitos, cartulinitas y post-its, van al grano, al aprendizaje y practican, practican, practican hasta que el niño asimila.
Puede que convenga fijarse en alguna cosa para hacer avanzar a nuestros alumnos, igual Finlandia no queda tan lejos. O, a lo mejor, con un chromebook arreglamos todo, no sé.
