¡QUE HABLEN LOS PADRES, POR DIOS!

Tiziano Tizona
Acabo de llegar de desayunar de mi bar de cabecera centrifugando en mi sesera una conversación que he tenido con la dueña. El bar es un maravilloso local de barrio, de los de antes: pequeño, funcional, sin alardes de modernidades, con una maravillosa clientela de curritos de carajillo, tabaco de liar, chupito de cazalla, nobleza y buena conversación. Los dueños se dejan el lomo desde las 6 de la mañana hasta el cierre, siempre con una cara amable y siempre corteses y educados. Me siento como en casa. Estando jalándome mi tostada de aceite y mi café cargado (ahí sirven el café como en pocos sitios lo he probado), viene la doña, se sienta en mi mesa y me interpela con su maravilloso acento dominicano: “Profe, ¿cómo es eso de que van a quitar las notas? Yo necesito saber cómo va mi hijo y en qué materias tiene que apretar más”.
-Intento explicarle que lo que va a desaparecer es la calificación numérica- “Ya, pero no es lo mismo un uno que un cuatro, un siete que un ocho y medio”. Le doy, evidentemente, la razón, porque la tiene. Cuando le comento lo del “necesita mejorar” y lo del “progresa adecuadamente” casi se le salen los ojos de las órbitas y opto por cambiar el tercio (no sin antes comprobar el galimatías de competencias, proyectos y subjetividades que me muestra en el boletín que tenía en la aplicación educativa del colegio al que asiste su niño; excelente muchacho, dicho sea de paso).
La conversación deriva a que es ella la que le está poniendo caligrafía al niño porque su letra se lee regulera y en el cole, al utilizar la tablet, la escritura no la practica lo suficiente teniéndose más en cuenta su habilidad en cuestiones tecnológicas de manejo de los libros y las actividades en los dispositivos electrónicos que las manuales. De nuevo he de darle la razón… y concluyo pidiéndole disculpas porque obligamos (o nos obligan a obligar) a hacer en casa las cosas que se debieran hacer en los centros. Estamos dejando en manos de las familias aspectos del aprendizaje fundamentales mientras en los coles nos dedicamos a hacer el ganso. Y no todos los niños tienen la suerte de contar con esos padres que (a pesar de sus horarios laborales) son conscientes de la necesidad de una buena formación para los hijos. Va siendo hora de que sean los padres los que levanten la voz ante la destrucción del sistema educativo.

 

Print Friendly, PDF & Email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *