«TICHERPRÁIS»: EL MODELO.

Tiziano Tizona
El perfil del “ticherpráis” y de los premios de las distintas distinciones otorgadas por entidades bancarias sigue, normalmente, un patrón muy definido. Varón o hembra joven (normalmente los primeros en una profesión donde abundan las segundas, que me lo expliquen) aunque no demasiado puesto tampoco interesan demasiado los recién llegados, digamos que cuarentón bien conservado, sano y de sonrisa brillante e iluminadora. Ha de quedar bien en cámara, porque de eso principalmente se trata, el profesor se convierte en un reclamo para vender un producto: la “innovasió”.
El (la) docente en cuestión ha de utilizar mucho los aparatos electrónicos, la flippedleches, los aprendizajes por proyectos, los ámbitos y ese tipo de cosas. Que no digo yo que no estén bien y haya gente a la que le dé resultado, pero me huele a chamusquina que desechen a la maestra que con paciencia enseña a leer a unos polluelos, al viejo profesor amante de la literatura que inculca ese mismo amor a sus adolescentes, a músico que enseña con audiciones a disfrutar y a distinguir las características de unas épocas, estilos, etc; a ese historiador que traslada con sus relatos las mentes de los chavales a Grecia, Roma, batallas medievales, conflictos sociales…con su paciencia y sabiduría, sin necesidad de que el alumno busque en YouTube y ataviado con su guardapolvo raído en vez de vestido de ornitorrinco. Pero parece que ellos no enseñan, por lo menos no son significativos para los distintos “Oscar de la Educación” (que por cierto, hay uno cada semana).

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