¿TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS?

Tiziano Tizona
De repente, y no se sabe cómo, empiezan a salir a  la luz pública encuestas, y foros, y estudios, y reclamaciones, y comparaciones, y peticiones, y sindicatos, y sociólogos, y neurólogos, y gurús de la tecnología, y políticos y políticas de todo pelaje… preocupadísimos por la situación de los docentes.
Bien está, lo cierto es que en todos ellos no hay nada nuevo bajo el sol  que no estuviera sobre el tablero hace decenios: ratios, financiación, horarios, respeto… Total, que la cosa en el 90% de las ocasiones se solucionaría con más parné, y puede que realmente sea esa la solución.
Pero hay que tener la imaginación, la clarividencia y la firme determinación de no fiarlo todo a la carta presupuestaria, tan volátil, tan en manos de otros. Ojo, que viene otra crisis y tenemos todas las papeletas de ser candidatos a pagar el pato.
Los docentes deberíamos empezar a tomarnos en serio a nosotros mismos. De empezar a pedir responsabilidades a administraciones, sindicatos y patronales. De plantarse y poner pies en la pared ante las leyes educativas que son todas la misma ley (la de Celaá es la de Wert pero con la cara lavada  en los aseos de un falcon). De dar con la puerta en los hocicos a los nuevos mecenas de la educación (telecomunicaciones y editores) que vienen a hacer negocio única y exclusivamente. De hacer entender que, en relidad, cuando entramos a un aula tenemos 3 ó 4 niveles curriculares distintos, lo que disminuye nuestro tiempo de atención al alumno en un 60% o 75%. Que gran parte de ese tiempo en el aula lo dedicamos a tener que hacer tareas infoburocráticas mirando la pantalla de un ordenador de la plataforma educativa de turno y dando la espalda al alumno. De una falsa innovación que no deja de ser una utópica dictadura que ahoga en el mar de las mediocridades  el criterio del docente para enseñar adaptando el método al alumnado y al contenido del aprendizaje (la libertad de cátedra, como la de expresión, ya se sabe que sólo es válida si coincide con las mayorías).
Podrían empezar por solucionar esos problemas que les saldría realmente baratito, oiga.
Por cierto, todos esos que se nos preocupan tanto, son los mismos que achacan todos los males sociales a la escasa formación del docente, en cuanto tienen la más mínima oportunidad de hacerlo.

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