CONSTATACIÓN DE UN FRACASO QUE SE VEÍA VENIR

Tiziano Tizona

En los tiempos de crisis se destapan las verdades. Cuando poco queda, y proyecta en menos, los focos y el agarradero se posan en lo imprescindible. A nivel educativo ha quedado patente la insustituible labor de un docente, que es el que sabe, delante de un aula llena de infantes, que son los que deben aprender. Se disfraza de modernidad lo que no deja de ser una clase magistral realizada por videoconferencia, de retos lo que no dejan de ser trabajos, ejercicios o problemas; y de competencias lo que no dejan de ser contenidos asimilados. Ni centros de interés, ni inteligencias múltiples, ni cada uno construye su historial de aprendizaje, ni  tantos y tantos eufemismos con los que unos listos sacan los cuartos de otros más inocentones. El aprobado general de nuestros vecinos italianos no es ni más ni menos que la constatación del fracaso de las modernidades (si en las escuelas de Silicon Valley no entra una pantallita, por algo será) y de las milagrosas metodologías modernas que hacen aprender al alumno incluso a su pesar.
Los niños,los padres y los sauriodocentes echamos mucho de menos la pizarra y la tiza.

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