HASTA EL GORRO DE LOS «BOCACHANCLAS» QUE NOS CRITICAN

Si hay algo que nos gusta hacer en este país nuestro es generalizar. Estamos hartos de hacerlo a diario y si, encima, el valor que atribuimos a un colectivo es negativo, mejor que mejor.  No digan que no, somos así. Todos los políticos son ladrones, los catalanes agarrados, los andaluces vagos, los gitanos delincuentes… ¿Sigo?

En nuestro caso, ya lo comenté hace poco en otra entrada, hay personas que nos atribuyen que tenemos muchas vacaciones o que cobramos demasiado para lo poco que hacemos, opiniones que van calando allá donde se dejan caer y que, a fuerza de ser repetidas y escuchadas una y otra vez, hacen que muchos consideren que los docentes somos poco menos que unos sinvergüenzas.

Podría rebatir esa falsa premisa diciendo que no somos unos jetas, que somos educación, valores, espejo, guía, modelo, refugio, referencia, conocimiento, cariño, esfuerzo, dedicación, vocación…, pero, aun con esas, algunos se empeñarían en seguir desprestigiando nuestra labor de alguna manera.

Al lío.

No hace nada me crucé en un periódico con el artículo de un médico, todo un director de hospital, que, como padre, nos tildaba a los docentes de caraduras y antihéroes porque su hijo o hija, o ambos, no han tenido una conferencia «online» con sus profesores en los días que llevamos de encierro, para acabar sugiriendo que no nos merecemos el sueldo ningún docente de este país.

Puede ser que este señor haya tenido la mala suerte de que sus hijos estén en manos de los peores maestros y profesores del planeta, que lo dudo, en cuyo caso yo me lo haría mirar (con su nivel podría suponerse que uno tuviera el criterio y, sobre todo, los medios para elegir adónde quiere llevar a sus hijos para que los eduquen).

Sin embargo, me siento más tentado a pensar que lo que realmente ocurre en este caso es que el señor en cuestión no tiene ni idea de lo que habla (si yo tuviera que hablar de su profesión, tampoco sabría hacerlo porque simplemente no la conozco, así que me quiero inclinar por esta opción, creo que la más lógica). El problema aquí es que lo que hace este caballero al hablar de lo nuestro y meternos a todos en el mismo saco de su desconocimiento es algo que hace muchísima gente: habla, opina y sabe lo que debemos y no debemos hacer (entiéndase la ironía) y, lo que es más grave, no se corta un pelo a la hora de espetárnoslo en la cara.

No será la última vez que nos tiren a dar, sospecho, pero ya cansa y mosquea tanta caña.

Ya está bien de generalizar en negativo con nuestra profesión.

No somos el enemigo.

No señor.

Ya está bien de «bocachanclas».

¡Hasta el gorro de ellos!

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3 pensamientos sobre “HASTA EL GORRO DE LOS «BOCACHANCLAS» QUE NOS CRITICAN

  1. Si un día alguien conocido te ve a las 13:55 en el banco, por ejemplo (ese día que tienes salida tras tu 5ª hora de jornada presencial) ya te espetan aquello de «¿hoy no trabajas? casi antes de haberte llegado a saludar. Y resulta que te lo pregunta la pareja de un bombero, en cuyo horario yo no entro y que nunca se me ocurriría discutir (razones habrá de peligrosidad, de necesidad básica que justifica su horario). Sin embargo, sí quiero añadir, que tras la gestión bancaria uno no se va a su casa y terminó su ornada laboral. No la de un docente, que por regla general tendrá 2, 3, cuando no 4 o 5 horas más de trabajo en casa (preparación de clases, preparación de material, corrección, atención a plataforma online de atención a padres y contacto con centro.
    Y lo detallo aquí por ser ser una página educativa. Ya hace mucho que no respondo directamente a generalizaciones del tipo de las comentadas. Si acaso con un «Es un trabajo al que puede acceder cualquiera, unos años de estudios universitarios y postuniversitarios, y unos buenos años de preparación de oposiciones y que haya suerte y consigas sacarlas. Después, pasado tan solo un añito, ya si eso volvemos a hablar del asunto.»

  2. Naturalmente que es injusto generalizar y meter a todos los docentes «en el mismo saco». Hay profesor es muy comprometidos, haciendo grandes esfuerzos en esta nueva forma de docencia tan improvisada y con tanto que mejorar. Los alumnos, aunque pueda parecer paradójico, también se están teniendo que esforzar más.
    Pero yo también doy fe de que hay profesores que, en estos casi 60 días de confinamiento, todavía no han mantenido contacto online ni telefónico con sus alumnos, ya sea para interesarse por su estado, para impartir materia, o para resolver dudas.
    Es el caso de mi hija, que estudia 3° de E.SO en un Municipio de la Comunidad de Madrid; e incomprensiblemente dos de estos profesores ( de los tres que están en este caso, los demás si han mantenido sesiones online con los alumnos)
    son los que imparten Matemáticas y Lengua.
    Así que tan injusto me parece generalizar y extender algunas malas praxis a todos los docentes, como negar la mayor y afirmar que un padre, que expone y comparte su experiencia, «no sabe de lo que habla»

  3. Assumpta, claro que en todos los sectores hay buenos y malos profesionales, y el de la enseñanza no iba a ser menos, pero tampoco más. Te has preguntado si a esos profesores se les proporcionaron los medios para trabajar, o sea, conexión a internet y ordenador? Ya te contesto yo: no conozco a ningún profesor al que se los hayan proporcionado y conozco unos cuantos profesores y maestros. Los que han seguido trabajando lo han hecho con sus propios medios pagandolos de su bolsillo. Sólo dos de los nueve o diez profesores de tu hija no han mantenido contacto? Eso deja en muy buen lugar a los que sí lo han hecho, ya que son mayoría. Puedes creerme si te digo que conozco casos que se han tenido que comprar un ordenador, ya que con dos hijos en edad escolar, uno para toda la familia no es suficiente, y otros casos que , no teniendo wifi, han comprado más datos a su proveedor para poder ejercer online.
    Por supuesto, eso no lo cuenta la administración, pero es rigurosamente cierto

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