¿QUÉ PUEDE SALIR MAL? (LA IMPERIOSA NECESIDAD DE DESASNAR)

Tiziano Tizona
A sumar a la colección de barbaridades que hacen imprescindible la labor académica y formativa de los centros educativos: pintaron la estatua al doctor Alexander Fleming en las puertas de Las Ventas (Madrid) con un rebuzno por escrito que rezaba «Asesino». Tal y como lo leen, al descubridor de la penicilina y premio Nobel de medicina que tantas y tantas vidas ha salvado durante este último siglo. Siguiendo con la borregada colectiva, a Churchill también lo han tuneado con una medalla letrada: «Racist». A un tipo que entre whisky y puro se entretuvo en frenar el implacable avance de Hitler que ya se había merendado media Europa y se relamía pensando en la otra media, y que además, como todo el mundo sabe, era una colección de amor al diferente y un empecinado defensor de los derechos humanos (eso sí, arios).
Nuestros chavales, a falta de formación, cultura y preparación se la buscan en las redes donde cualquier imbécil con conexión difunde las más variopintas gilitonteces, y cuanto más mononeuronal demuestras ser, más «folllowers» reciben y comparten tus insensateces.
Es por esto, porque jamás en la historia el poder de difusión de las ventosidades cerebrales ha sido tan tristemente contundente, la urgente necesidad de una formación científica y humanística (en profesorado y alumnado). No ya se trata de hacer crecer al individuo como tal sino de la caritativa función de desasnarlo.
Demos tablets y conexión a nuestros alumnos y ahorremos en maestros, ¿qué puede salir mal?

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