DOCENTES, ¿A NOSOTROS TAMBIÉN NOS APLAUDIRÁN?
Que la economía debe reactivarse no hay quien lo dude. Que, para conseguirlo, la gente debe incorporarse a sus puestos de trabajo, tampoco. Que, para que eso suceda, muchos necesitarán dejar a «los niños» en las escuelas, por descontado. Hasta ahí, de acuerdo.
Ahora bien, lo cortés no quita lo valiente. Tenemos datos objetivos de que la vuelta a los colegios ha supuesto numerosos rebrotes de contagio en aquellos países en los que se ha llevado a cabo y, en base a eso, no parece que las medidas que nos van haciendo llegar «desde arriba» para una reincorporación segura a las aulas sean las más adecuadas, la verdad.
Tras tres meses de encierro y teletrabajo totalmente improvisado, que no mal realizado – y a otros dos meses vista del comienzo de las clases presenciales -, excepto por la cacareada decisión de aportar 2000 millones de euros en ayudas a las CCAA y sus consejerías de educación, no tengo la impresión de que se haya mejorado nada. Todo lo contrario. Por ejemplo, y dependiendo de comunidades, hay centros en los que no se van a a aumentar las plantillas docentes, no se van a reducir ratios o no va a haber obligación de respetar una distancia de seguridad o de usar mascarillas entre el alumnado; mientras, en un acto de «coherencia máxima», a los que mandan se les llena la boca con que van a hacer llegar ordenadores a todos aquellos que sufren una «brecha digital», para que no estén desconectados en la vuelta presencial a las clases (tócate la pera). Todo un acierto, vamos.
Volveremos a los centros, y esta vez aguantaremos, porque encerrar de nuevo a los alumnos y a sus docentes será inviable, porque los papás deberán trabajar y no podrán quedarse un minuto más en casa con sus hijos, porque el dinero manda y, económicamente hablando, de otra manera nos iremos al garete. Pero es triste pensar que lo haremos con la seguridad de no estar seguros.
No quedan tan lejos los días en que los médicos y sanitarios de los hospitales de nuestro país se jugaban literalmente la vida con EPIS hechos de bolsas de basura o de papel así que seguro que habrá quien plantee que lo nuestro, al fin y al cabo, no será tan grave.
A ellos, que salvan vidas y se las juegan, se les recompensó con un aplauso desde el balcón todos los días a las ocho. Veremos con qué nos premian a nosotros si la cosa se «desmadra» en los colegios.
