DEL CÓMO NOS MIENTEN CON LOS CENTROS ESCOLARES

Tiziano Tizona
A estas alturas de la película, yo creo que a nadie le cabe la más mínima duda de que nos están tomando el pelamen. Ahora, y después de ni cumplir ni una sola de las promesas realizadas durante los meses anteriores a la «vuelta segura», intentan justificar la falta de medios con la que se ha realizado vía datos estadísticos y porcentajes intencionadamente mal planteados (yo hace ya algún tiempo en que creo bastante más en las matemáticas que en la política) . Me explico: nos han comunicado que en España, a un par de semanas de la apertura de los centros, hay un 0,73% en el porcentaje de cierres (cosa que ya es sospechosa puesto que si sacamos el tanto por ciento de los 700.000 contagios sobre los 47.000.000 de españoles nos sale un 1,5%, es decir, que es más seguro ir a la escuela que vivir, cosa que no se lo traga nadie con dos dedos de frente); ojo que en nuestros vecinos Franceses el porcentaje es del 0,02%.
¿Dónde está el trilerismo? Pues, por una parte, se hacen muy pocas pruebas a los alumnos de contacto (sea burbuja la clase o no), se manda cada vez menos cuarentenas de aulas (y menos que van a hacer, da la impresión de que la pasta que les ha llovido la están empleando en otros menesteres y se niegan a presentar facturas). La ecuación de base es muy simple: no pruebas, no positivos (a los asintomáticos que les den). Por otra parte compartimentan los contagios por aulas en vez de por colegios con lo cual el resultado es mucho menor (imagínense que en los supermercados compartimentasen los positivos por secciones: (pescadería, panadería, droguería…) o, lo que sería estadísticamente más correcto, por pruebas pcr realizadas en el ámbito escolar (imaginen que en un cole de 500 alumnos hacen 10 pruebas y salen 7 positivos, sobre 500 sale un porcentaje del 1, 4%, pero sobre 10 nos da un hermoso 70%). Ocultan  o retrasan los datos, incluso los «cocinados» para dificultar el que la gente se cosque de que el crecimiento, a pesar de los impedimentos, tiene pinta de ser exponencial, y lo malo es que parece que hemos pasado de la incredulidad al cabreo y del cabreo a la aceptación.
¿Tenemos lo que nos merecemos?

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