ACLARÉMONOS DE UNA MALDITA VEZ

Tiziano Tizona
Dentro de los ríos de tinta que estamos dejando correr con el tema de la escuela y el Covid, poco estamos meditando sobre la importancia de las enseñanzas y el potencial de contenidos y objetivos académicos que se consideran para las distintas etapas de nuestro sistema educativo. Quizá, y esto es anterior de los tiempos de pandemia, no acabamos de tener claro para qué vienen nuestros alumnos a los centros. Aquí hay opiniones de todo color y condición: «academicistas» y «emocionalistas», no se acaban de poner de acuerdo (no tienen por qué ser excluyentes). Además, están haciéndose hueco y cogiendo fuerza los «relativistas», que hacen honor a su nombre y cogen de aquí y de allá encarando la educación como algo cuyos resultados han de ser básicamente visuales (postureros dicen las malas lenguas). Con una nueva ley a las puertas (dicen que tendrá más de 1.000 enmiendas por los grupos parlamentarios, luego no parece tan buena, a priori) y habiendo vetado, una vez más la aportación de los docentes (¿Quién nos creemos que somos?), menester sería que nos aclarásemos en los fines para ir construyendo el camino de los medios. No soy nada optimista, me parece otra más (la ley) que nace muerta. Seguimos incurriendo en los mismos errores una y otra vez. Luego nos quejamos de los niños.

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