EL CIERRE ESCOLAR EMPIEZA A ASOMAR LA PATITA

Tiziano Tizona
Posiblemente los más transparentes en esto de la gestión pandémica en las aulas a la hora de ofrecer y divulgar los datos, y esto es una opinión personal, estén siendo las administraciones catalanas. No esconden estadísticas y las ofrecen de manera regular, clara y concisa. Parece que son los primeros en verle las orejas al lobo escolar y su influencia en el aumento de contagios al proyectarse estos en los hogares.
Ayer, en una entrevista a Rac1.cat, la portavoz (que no portavoza) de la Generalitat, Meritxell Budó, fue la primera en considerar el cierre de los centros escolares como medida si la situación epidemiológica empeora como complemento a un «encerramiento total».
No dejaría de ser una faena, en caso en que se diera, puesto que la educación «on line» no deja de ser un mal chiste respecto a la presencial». Pero no deja de ser otro faenón las condiciones en las que nos están obligando al personal educativo y a los alumnos a dar clase, gestionado fatalmente, con riesgos y con medios y soluciones tercermundistas, y encima  ni siquiera pueden aplicarse la mayoría de las ocasiones. Si queremos frenar esto, hay que atacar el problema sin tapujos y con datos lo más exactos posibles, con sensatez, mirada a medio plazo y fuera de posiciones categóricas. No vale con decir que las escuelas son seguras, o no, que la educación presencial es irrenunciable e ir racaneando en tests o viciando las estadísticas con premisas matemáticamente incorrectas; hay que ser serios y tener el coraje y la honestidad de demostrarlo.

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