¿VOCACIÓN? NO, GRACIAS
Tiziano Tizona
Pongamos que eso de la vocación docente consiste en: «tener la voluntad, y poner los medios al alcance de uno, para que tu alumnado aprenda.» No confundamos el término, que no nos engañen, con dejarnos pisotear y permitir que abusen de nosotros esos mismos que apelan, por medio de la citada vocación, a la santidad pedagógica en la búsqueda del paraíso de una, cuanto menos discutible, buena praxis; suelen ser los que desde sus despachos te condenan a jornadas maratonianas (muchos compañeros están quasi doblando horarios con la semipresencialidad), te machacan a una vacua burocracia en pos de una supuesta modernidad posturera de selfie y Goma-Eva(o innovación), los están en sus despachos calentitos con sus purificadores mientras tú y tus pupilos os quedáis más helados que el culo de una rana, día sí día también; o los que permiten que haya cursos que llevan meses sin profesores sustitutos de tal o cual materia (mira si les importa la educación) por no gastar un chelín, aumentando el agotamiento de los compañeros vía sustituciones y dejando a los chavales sin referencias en esas asignaturas.
Así que menos nombrar la vocación en la casa del «ahogado» porque últimamente, cada vez que suena, caen euros donde no deben caer y empecemos a hablar de «profesionalidad» que conlleva deberes… pero también derechos.
