LA NUEVA EDUCACIÓN SE CARGA A MAQUIAVELO

Tiziano Tizona
“El fin justifica los medios», clamaba Maquiavelo allá por el siglo XVI (16 para los cafres de algunos museos). Cita, por cierto, también atribuida a Napoleón (le Petit Cabrón para la soldada española del XIX).
Bien, pues parece que los señores del tablero educativo pretenden darle la espalda al diplomático y político florentino y/o al pequeño comequesos. Los objetivos que nuestros discentes han de conseguir cada vez son menos específicos, diluidos en un mar enturbiado de literatura barata, territorios comunes y eufemismos legislativos.
Lo cool, lo moderno, lo new age de la “pedanadía” es centrarse en los métodos. Métodos que han de ser lo suficientemente espectaculares para ser dignos de un buen “Tik Tok», de un muro de Facebook o de Twitter.
Soy de la opinión de que cada uno se busque el método que considere más conveniente, centrándose en su asignatura y en las características de su alumnado. Pero eso sí, se trata de conseguir resultados, ¿o tal vez no? Personalmente me importa una breva si el profesor de matemáticas o de castellano se viste de fallera para dar sus clases, siempre y cuando los niños salgan de primaria (por ejemplo) sabiendo leer, escribir, interpretar problemas y operando correctamente; o que un “profesaurio “ llene la pizarra de esquemas y les haga estudiar a diario si los mozalbetes salen de 4 de ESO sabiendo interpretar y conociendo las causas de la II (segunda para los museos) Guerra Mundial.
Fijemos claramente los objetivos por etapas (y también por cursos, por cierto) y que cada uno utilice el camino que crea más conveniente, pero a la meta hay que llegar, por el bien de nuestro alumnado. Seamos lo suficientemente humildes para, si un sistema no nos funciona, cambiarlo. Pero para ello hay que medir, y sobre todo, saber lo que hay que medir. Es hacer trampas al solitario y engañar al alumnado, y a la sociedad a la cual nos debemos (puesto que es la que nos paga), el no hacerlo. El vaciar el agua de la piscina para asegurarnos unas estadísticas vistosas que aseguren que ninguno de nuestros pimpollos se ahoga en vez de enseñarles de una maldita vez a nadar.

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