CELAÁ, ¿SABES QUE ESTOS TAMBIÉN EXISTEN?
Tiziano Tizona
Viernes 23, “Día del Libro”, una alumna de secundaria, después de un examen de geografía americana. “Si no llegas a poner el examen, hoy me habría quedado en casa. Paso de venir aquí a hacer todo el día cartelitos. Yo lo que quiero es venir a que me den caña y aprender”. Por si Celaá no conocía estos maravillosos especímenes, también existen en nuestros centros. Alumnos que te exigen, que la curiosidad, la responsabilidad y las ganas de superarse merecen una atención y unas salidas en las escuelas no solamente consideradas de “elite» (la mía no lo es, el colegio está en un barrio y recibe una “clientela» de clase trabajadora, de los que sudan cada euro que ganan) tienen el deber de proporcionarle sin qie le cueste a su familia un pastón del que puede que carezcan. A esta niña le vamos a rebajar los contenidos porque para eso ya está el móvil, la vamos a evaluar por unas competencias que ya tiene, a los 12 años, perfectamente superadas, le vamos a ningunear su esfuerzo por conseguir ese “conocimiento enciclopédico” tan intencionadamente denostado, vamos a dificultarle el alcance de una excelencia al diluirlo en un mar de mediocridad supeditada a la estadística de turno. “Para jugar con el ordenador, bailar y hacer Tiktoks ya tengo mi casa y mis amigos”.
Pide educación Beethoven y le damos humo regetonero.
Abro paraguas porque me va a llover. Ojo, que veo por donde me van a zumbar, no se trata de una alumana de altas capacidades, no, lo que hace es esforzarse como una espartana: «Profe, cuanto más sé, más fácil entiendo las cosas nuevas y aprendo más rápido. Me gusta eso.» Pero aguantaré los palos con gusto en homenaje a esta nena.
