RESULTA QUE NO ESTAMOS PARA QUE NOS ACUCHILLEN

Tiziano Tizona
Supongo que ya habrá salido a la palestra quien, sin dejar de condenar al adolescente que apuñaló a la compañera en el cuello, deje la simiente de la duda sobre la responsabilidad de los docentes respecto a las agresiones sufridas. Apóstoles del buenismo supremo alcanzado a través del diálogo, el mindfulnes, el abrazar las nubes y hacer una reverencia a un buda rechonchete y sonriente.
No, señores. Existen chavales de 15 o 16 que son muflones, visigodos con bastante más músculo que cerebro (que cantaba Siniestro Total), que son capaces de masticar al buda y escupirlo utilizando medio carrillo.
No sé exactamente cuándo nos colaron el gol por la escuadra al considerarnos, no como transmisores de saberes, sino como terapeutas, psicólogos, carceleros, enfermeros, miembros de los cuerpos de seguridad, jueces, confesores, planificadores familiares, secretarios judiciales, sancionadores… Todos estos tipos de profesionales reciben preparación específica para los riesgos que corren y están mucho más formados que nosotros, pobres docentes. El ser profesores no debería de llevar implícita la posibilidad de que te acuchillen en el cuello. Y para cumplir con nuestra labor, que es enseñar, deberíamos exigir las condiciones mínimas para ello (que incluye no recibir amenazas, vejaciones o agresiones de ningún cabestro, tenga 15 años o 15 siglos).

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