ABRO PARAGUAS, QUE ME LLUEVEN
Tiziano Tizona
Andamos los docentes enzarzados en esa guerra civil metodológica mientras, por la puerta de atrás, nos cuelan las ratios y despiden a los profesores de apoyo del presente año, nos cuelan cuarto y mitad de burocracia añadida y se tienden a cerrar los centros de educación especial en contra de, al menos, una gran porción de las familias implicadas. No es nueva la técnica del muleteo o del trilerismo, y es brillantemente aplicada por unos y otros políticos de despacho y estadística.
Analizando las posturas de tirios y troyanos con el tema de los ámbitos, de las competencias, de la gamificación, de los deberes, de la inclusión, de la digitalización… incluso dándole una vuelta a la LOMLOE, me cosco de que muy pocas veces se tiene en cuenta el “factor alumno”, al menos legislativamente. Se habla de intereses, de dirigir su propia formación, de adaptaciones, de individualización, de currículos alternativos… todo ello está muy bien, pero, en mi opinión, no se tiene en cuenta un factor que es definitivo a la hora de adquirir conocimientos: el esfuerzo. Ya sé que no suena muy bien y que no faltará el que me llame dictador, reaccionario, o decimonónico (este último es el calificativo que más me pone), pero veo muy difícil aprender o aprehender sin que suponga un poquito de esfuerzo, de voluntad y de estudio. ¿Me equivoco? Si es así me gustaría conocer las alternativas. Gracias de antemano.
