POCOS MANDARON A MAGALUF

Tiziano Tizona
Ya están la mayoría de polluelos en su gallinero. Los operarios del hotel en que han estado confinados han vivido en sus carnes lo que es una legión de adolescentes desbocados. Lo primero que declararon, al parecer, al par de días de tenerlos enclaustrados es: “Pocas vacaciones tienen los profesores». Valga como aviso para navegantes y cuñados. Los adolescentoides se dedicaron a la algarabía y la jarana, normal, máxime estando sin perro que les ladre. Bueno, normal hasta cierto punto, puesto que son capaces perfectamente de asimilar y entender que en una situación pandémica en la que la gente palma pues hay que controlarse en el asunto de hacer el tontaco que queremos hacerlos muy adultos para unas cosas y para otras los tratamos como bebitos de teta, baba y pañal. Total, que dos jefes de estudios por planta y un director en el Hall y no se mueve ni el aire. Pongan así, cuñados del mundo esférico, en valor la labor realizada por los profesionales de la enseñanza durante este curso (y de paso de los anteriores). Han fletado barcos, jueces para aquí y para allá y sentencias y contrasentencias y prensa para acá y teles para acullá como si fuera la operación ”Tormenta del desierto»… Bueno, pues sepan ustedes que hemos estado con ellos pelándonos todos de frío y asados como pollos . Con chavales que salían de fiesta los “finesde” y que salían del cole con las mascarilla en el codo (no todos, también hay que decirlo). Con los “negacionistas” (incluidos padres) que han visto en la intenné que esto es cosa de Bill Gates que quiere meternos un chip para controlarnos y hacerse con el poder del mundo mundial; ergo hacer el botarate es un modo de rebeldía: un nuevo “Mayo Francés con muletilla en plan”. Y con aquellos de por qué sancionas a mi nene si es que le molesta la mascarilla. Con tiparracos asintomáticos sin pruebas que les canten. Con la administración diciendo que no pasa nada por juntarnos con más de treinta de esos en un aula. Ahora venga el primer mamarracho mediático a decir aquello de “¡Qué bien viven los maestros!” buscando el aplauso efusivo de la parroquia de borregos televisivos o de las redes. Pocos mandaron a Magaluf.

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