EMPIEZAN A ENCAJAR LAS PIEZAS

Tiziano Tizona
No paro de darle vueltas y más vueltas a la millonada que se gastan nuestras administraciones en aparatos electrónicos que, si es cierto que ayudan, no son ni la panacea ni la solución al problema educativo en nuestro país; además frena la inversión en otras partidas a todas luces más efectivas: contratación de docentes, especialistas, ampliación y adecuación de espacios y bajada de ratios valgan como ejemplo. Una alianza entre políticos y empresarios (unos han demostrado sobradamente que no son, en absoluto, de fiar; qué decir de los otros cuyo único y primordial objetivo es ganar parné del gordo) en la cancha de nuestras escuelas. Miles, sí miles, de millones invertidos que engordan las ya de por sí hermosas cuentas de las tecnológicas. Ministras y consejeros cantando las alabanzas a la educación digital incluso después de que la cuarentena demostrase de manera fehaciente que es un pufo, que ni se le acerca a la sombra de una uña al rendimiento que se le saca a la educación presencial. Esa duda que me corroía y me tenía la sesera centrifugando ya hace meses, empieza a asomarse un poco a la luz.
Leo en el diario “La Opinión” de Murcia que a la ex-consejera de educación de la Comunidad Murciana, Esperanza Moreno (una más, lo son todos, del coro de palmeros de la educación digital), la ha fichado «Google for Education”. Ya me empiezan a cuadrar las cosas…
Como bípedo implume que paga sus impuestos religiosamente y a tocateja, exijo que los dos pilares de progreso y bienestar (sanidad y educación) sean auditadas de manera concienzuda y que salga a la luz la justificación de hasta el último céntimo gastado. No me fío ni de mi sombra, y mucho menos de esas alianzas. Luz y taquígrafos ha de ser un clamor.

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