¡QUE LAS ESCUELAS NO SOMOS EEEESOOOO!

Tiziano Tizona
Me pone los nervios de punta que los que manejan los hilos de la educación en este país lleven lustros sin pisar un aula, en el mejor de los casos. El conocimiento de las pautas generales de los centros se acerca mucho al cero pelotero. Señores y señoras del olimpo del despacho y la poltrona, desde que tengo uso de razón en todos los colegios que he pisado y picado piedra, y han sido muchos, se han trasladado (en aquellos tiempos se llamaban objetivos transversales) los valores democráticos, la igualdad de género, la no violencia, la no discriminación y la acogida desde TODAS las asignaturas que daban pie a ello. En caso de que alguno (yo no lo he conocido) osara defender los valores opuestos: discriminación, violencia, totalitarismo…es labor de la inspección sacar el recetario de los expedientes. Estoy seguro que es mejorable y está bien que se haga. Pero trasladar a la opinión pública que los colegios son algo así como campamentos de las juventudes hitlerianas con guardianes de botas lustrosas, cámaras de gas y perros enseñando las fauces hasta que ustedes llegaron a arreglar el desaguisado es miserable. No nos pueden, miserables, echar la culpa de que un grupo de neandertales asesinen a un chaval al grito de “maricón de mierda», de que ahora se dediquen a apalizar o a violar en manada para subirlo a las redes, como están intentando colar a la ciudadanía. Pongo la mano en el fuego que nada de eso lo han aprendido en el aula. Quizás debieran poner el foco de lo que pasa en las familias, de lo que trasladan las televisiones, de la basura que se mueve por las redes y a qué edad acceden a ellas los niños (sigan fomentando las pantallitas). Las emociones se trabajan desde que el niño entra en el patio escolar, ¿o es que se creen que nos dedicamos a “cantar la lección» y a arrearle con la regla de madera a quien no la repite hecha un calco? Les hacemos pensar, reflexionar, conectar, leer, empatizar, expresar…y por supuesto, estudiar y aprender (que es, o debería ser, nuestro principal propósito). El suyo, políticos miserables, es incitar a las empresas (esas a las que están subyugados) a permitir la conciliación, acabar con la brecha salarial, arreglar los desequilibrios socioeconómicos, fomentar la investigación con sueldos dignos (de ellas y de ellos), atajar la fuga de cerebros, ampliar las plazas de FP y universitarias para facilitar que cada persona se forme en la rama que le atraiga (que muchas y muchos se quedan fuera o tienen que rascarse el bolsillo). Déjense de cortinas de humo que se os ve el plumero, listos. Que estamos ya muy hartitos de ustedes y de su pestilente trilerismo.

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