¿POR QUÉ NO CONTÁIS ESTO, MALAJES?

Tiziano Tizona
Probablemente caigamos en el error de interpretar las estadísticas educativas de los países punteros como causa y no como consecuencia. Es decir, el número de abandonos y repeticiones al que aspiramos, que por definición debería acercarse a cero, tiene un trabajo y, sobre todo, una inversión que no parecen estar dispuestas a encarar nuestras administraciones. Nos exigen rendir como bólidos y nos proporcionan una carreta de bueyes. Fíjense en que las medidas propuestas y anunciadas a bombo y platillo normalmente suponen nula inversión, incluso, a veces, recortes presupuestarios: exámenes para acá y para allá, competencias, ámbitos, educación emocional, ciclos sí o no, titulaciones y repeticiones más o menos exigentes… pero a la hora de analizar el cuánto y el cómo gastan el parné los países “a imitar”, se corre un tupido (o estúpido) velo de silencio dada la conveniencia de gobiernos (de seguir chorreando millonadas en clientelismo) y medios (de seguir forrándose a subvenciones). Leo en Twitter la queja de un compañero que reza así: “¿Os he hablado de mi tutoría con 33 alumnos de los cuales hay tres que no hablan español, dos que sólo hablan un poco, tres con necesidades educativas especiales y seis que ya han agotado todas las repeticiones? Pero bajar la ratio es un capricho de los profesores que somos vagos”. No hay nada más que añadir, resume perfectamente la situación de la cosa educativa en este país. Ahora sigan con las chorradas, los globos sonda y la muleta… pero ya nos estamos cansando de embestir.

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