LA CRUDA REALIDAD DOCENTE

Tiziano Tizona
Conforme va pasando el tiempo y uno se hace mayor se da cuenta que eso, el tiempo, es el tesoro más preciado que tenemos y que es necesario saber administrárselo de una manera sensata y satisfactoria. Lo digo porque, este que escribe, cada vez siente más que se le está yendo la vida entre carajadas que poco o nada ayudan a mis alumnos y poco o nada me ayudan a mí a crecer como docente. Pasa un año y otro año y otro año más y la coyuntura me hace menos estar atendiendo a mi alumnado y más atento a los grilletes burocráticos y/o tecnológicos. A la faena normal de preparar clases, corregir, adaptar, investigar y leer se le suma contestar las decenas de correos que me hacen llegar padres, administración o equipo directivo (jefes de etapa y de departamento incluidos) con cualquier gansada que de resuelve (o siempre se ha resuelto) con dos minutos de conversación cara a cara. Y esto va “in crecendo», temo llegar al día de mi jubilación con la amarga sensación de mucho, mucho, muchísimo tiempo baldío y muy poco aprovechamiento mío y de mis alumnos. Cuando ya no nos quede tiempo, ese tesoro, será tarde para arrepentimientos y para demandar explicaciones.

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