Y LUEGO QUE SI NO NOS RESPETAN

Tiziano Tizona
Es tiempo de mercadeo en el ámbito educativo y los colegios se afanan en sus jornadas de puertas abiertas, ya con la presencia de las familias en los centros, ya con su difusión vía redes sociales. Bien, cada uno se toma esto como le parece y se promociona (qué triste que tenga que ocurrir) como su entendimiento le aconseje. Vaya por delante que a mí no me gustan esos saraos, sobre todo cuando el asunto va de bailecitos a pintarrajearse las caras y de vestir a los polluelos de lagarteranas para que hagan gracia y salgan curiosos en Facebook o Instagram. Echo de menos , ya puestos, una jornada consistente en ver cómo se da una clase rutinariamente, el conocer la capacidad de explicarse del docente, el diálogo sosegado ante cualquier aprendizaje entre profesor y alumno o entre los propios alumnos, la aplicación de los conocimientos en los laboratorios (si los hubiere), la exposición de los alumnos de manera oral ante las familias de tal o pascual época histórica el análisis (o producción) de poemas o textos, de partituras musicales, el uso de los ordenadores (si los hubiere) como complemento para obtener información o para la realización de trabajos, mostrar la dedicación para la ayuda a los más rezagados, las obras presentadas y premiadas (si las hubiere) a concursos externos al centro, las estadísticas de éxito de los alumnos una vez acabados los estudios, la evolución documentada (desde el respeto a la protección de datos) del alumno desde que entra en un centro hasta que acaba su educación en el mismo…pero no, bailecitos, palomitas de la paz y disfraz de ornitorrinco. ¿Cómo queremos que nos respeten si nosotros mismos no lo hacemos?

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