YA PUEDEN FUSILARME
Tiziano Tizona
Sé que me van a poner verde pero hoy me he reincorporado a las clases después de las vacaciones de Pascua con unas ganas que rondaban entre cero y ninguna. Ojo que me gusta mi trabajo y, pese a aquellos que quieren denigrarlo a simple aparcamiento de mozalbetes, todavía lo considero lo suficientemente importante como para esforzarme en transmitir cultura, conocimiento y amor a ambos. Pero ante tanto vocero de la vocación (cada vez que oigo el término me echo mano a la cartera) constato la realidad, por lo menos mi realidad. Estoy mejor de vacaciones, así de simple. Estoy mejor mi casa y con mi familia que haciendo más horas que un reloj en proyectos multicolores y multipostureros que aportan muy poco a la formación académica de mis chicos. Estoy mejor leyendo un libro que aguantando la charla de cualquier brasa de gurú a las órdenes de editoriales o de tecnológicas para vender bálsamos de fierabrás y soluciones de humo del caro. Trabajo porque me gusta comer todos los días y, como intento ser honesto, me esmero en ser un buen profesional. Pero ser profesional no es sinónimo de ser gilipollas. Ale, ya pueden disparar, la cena está servida.
