LAS CONSECUENCIAS DE LOS INFLANOTAS

Tiziano Tizona
Asoma por las redes la problemática del alto porcentaje de sobresalientes en los alumnos que se presentan a las pruebas de selectividad, que se ha incrementado de manera muy significativa. A primera vista y sin entrar en profundidades… o los niños han espabilado y son unos máquinas devoralibros… o los niveles de exigencia se han relajado… o algo huele a podrido en los reinos daneses de los inflanotas. Las notas de corte para entrar a tal o cual grado campan a sus anchas por las alturas y la excelencia de algunos alumnos sobresalientes sólo se atisba en las notas de la selectividad (prueba externa, igual para todos y poco dada, por sus características, al pasteleo del claustro). El final de esta novela mucho me temo que consista en que las facultades apliquen su propio cribado, vía examen de acceso que invalide los resultados de la prueba selectiva, o el incremento de matrícula en las universidades privadas para los que puedan pagárselas. Esto no deja de ser una consecuencia de banalizar la importancia del rendimiento escolar desde las edades tempraneras, acusando de clasismo a los alumnos exigentes consigo mismos y a los profesores que fomentan esa exigencia, de la manga ancha por decreto y de la competencia entre centros en su espíritu de marketing y faroleo. Tal es así que, a día de hoy, lo único que semigarantiza la objetividad de la medida del rendimiento de un alumno es que se vea reflejado con exámenes externos que constaten la adquisición de las competencias (que han de ser claras y concisas). Todo ello con todos los “peros” que se quieran añadir, que los tiene.

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