EL TUFILLO DE LA NUEVA SELECTIVIDAD

Tiziano Tizona
El Gobierno se saca de la manga una nueva prueba de selectividad bajo la excusa de que sea más sencilla para el alumno y conste de menos exámenes. El centro al final del proceso será una “prueba de madurez» que puntuará un 75% de la prueba allá por el 2027. Se considerará que el Bachillerato cuente un 60% de la nota final (ya huele a pasteleo desde aquí). A la espera de ver si esto llega a implantarse o no, y previendo que, en 2027, Alegría se encuentre en el Vaticano supliendo a Celaá o en la política regional aragonesa, a la espera también de ver los modelos de tales “pruebas de madurez” (hay que ser cautos antes de soltar el sopapo), todo apunta a un pasito más hacia la feudalización de la sociedad apoyada en que solo se formen correctamente los que tengan recursos para hacerlo, dejando una de todo a cien para el resto de los mortales. Lo digo porque esto tiene muchos visos de acabar con las universidades poniendo sus propias pruebas de acceso (que distarán mucho de pruebas de madurez y de mejunjes socioemocionales, basándose en constatar una base sólida para encarar los grados universitarios con ciertas garantías). Eso desembocará en academias y particulares que preparen esas pruebas, para el que pueda pagárselas o pedir un préstamo para hacerlo. Barriendo de un plumazo el derecho a formación y educación gratuita que debe ser el sancta sanctórum de un estado que se precie. Por otra parte, la universidad privada hará el agosto con el pingüe negocio de acoger (si paga) al alumnado que no supere esas pruebas en la pública.
Todo ello lo viste el Gobierno de modernidad y de empatía con sus santísimos colgajos ojo, que hay gente que lo compra en nombre de las clases desfavorecidas, háganmelo mirar

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