LA «CULTURA DEL ESFUERZO» Y LOS GILITONTOS.

Tiziano Tizona
La peña sigue sacándose los ojos con la validez, o no, del esfuerzo como método válido para la promoción educativa. La “cultura del esfuerzo” ha pasado de considerarse algo positivo a algo “¿facha?” y trasnochado. A riesgo de ser tildado de barbaridades varias (me sobran bajos y refajos para pasármelas por ahí), les voy a contar una historia. Mi padre fue hijo de camareros, de sacó los estudios a base de estudiar por las noches en una cámara (hoy se llamaría buhardilla) al acabar la jornada del bar. Mientras estaba preparándose las oposiciones, pagaba su academia con clases particulares. Sacó plaza y tuvo cuatro hijos del que soy el tercero (tres de ellos maestros, por cierto, un yerno y un nieto también). Cuando acababa el cole, trabajaba en la escuela de adultos para que estos se sacasen el graduado. Fue muchos años director de un centro público, pero como no daba para letras de piso, coche y cuatro hijos estudiando, montó academia de repaso y clases particulares. Nosotros, los hijos, desde muy jóvenes le ayudábamos en la academia y nos buscábamos nuestras clases. Cuando él faltó, dejó a tres hijos maestros y una abogada que no vimos otra cosa en la vida que el esfuerzo por sacarnos adelante. Ahora que me vengan cuatro soplagaitas a contarme que todo eso no vale para nada y que trasmita a mis alumnos que no pueden avanzar esforzándose, todo desde el despacho orondo de una editorial, de un banco o a la sombra de un holding o de un paraguas político. Lástima que ya no les pueda presentar a mi padre para explicárselo. Así que llámenme reaccionario, rojipardo, facha, estalinista o lo que les salga de las gónadas que tengo activado el botón de respuesta automática con la palabra “gilipoll as”.

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